marzo 14, 2026

¿Que tenía Marie Curie?

“En la vida no hay nada que temer, solo hay que comprender.” — Marie Curie

En 1903, Marie Curie se convirtió en la primera mujer en recibir un Premio Nobel. En 1911, volvió a hacerlo en una disciplina distinta. Física y Química. Ninguna otra persona en la historia ha repetido esa hazaña en dos ciencias diferentes.

Sin embargo, más de cien años después, la excepcionalidad femenina en la ciencia sigue siendo noticia.

Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado en 2015 por la Organización de las Naciones Unidas con el respaldo de la UNESCO. La fecha no busca celebrar casos extraordinarios, sino cuestionar por qué siguen siéndolo.

Las cifras muestran una brecha estructural desde la formación académica

A nivel global, las mujeres representan aproximadamente el 33 % del personal investigador, según datos oficiales de UNESCO. Esto significa que dos de cada tres personas dedicadas a la investigación científica en el mundo son hombres.

En educación superior, menos del 35 % de quienes se matriculan en carreras STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— son mujeres. En disciplinas como ingeniería informática o inteligencia artificial, la representación femenina puede descender por debajo del 25 %.

La paradoja es evidente: evaluaciones internacionales como PISA muestran que las niñas obtienen resultados similares e incluso superiores en ciencias frente a sus pares masculinos en múltiples países. La diferencia no radica en la capacidad, sino en factores sociales, culturales y estructurales que influyen en la elección y permanencia.

Aquí aparece un concepto clave para entender el fenómeno: el “leaky pipeline”.

El “leaky pipeline”: cuando el talento se pierde en cada transición

El término “leaky pipeline” o “tubería con fugas” describe la disminución progresiva de mujeres a medida que avanzan las etapas académicas y profesionales en la ciencia.

La metáfora es clara. En los primeros niveles educativos, la proporción de niñas interesadas en ciencia puede ser relativamente equilibrada. Pero en cada transición —elección de carrera universitaria, acceso a posgrados, ingreso a investigación doctoral, estabilidad postdoctoral, promoción a liderazgo— se produce una pérdida gradual de participación femenina.

Algunas mujeres abandonan trayectorias científicas por ambientes competitivos poco inclusivos. Otras enfrentan barreras en el acceso a financiamiento o menor estabilidad contractual. Más adelante, la conciliación entre investigación de alto rendimiento y responsabilidades familiares impacta desproporcionadamente en sus carreras. También influyen sesgos en procesos de promoción y redes académicas históricamente masculinas.

Aunque un tercio del personal investigador global es femenino, la proporción disminuye significativamente en posiciones de liderazgo. En muchos sistemas universitarios, menos del 20 % de las cátedras principales están ocupadas por mujeres.

Más que representación: innovación incompleta

La brecha de género en ciencia no es únicamente una cuestión de equidad. Tiene implicaciones directas en la calidad del conocimiento.

Diversos estudios académicos han demostrado que los equipos diversos producen investigaciones con mayor impacto y citación. Cuando la ciencia se desarrolla desde perspectivas homogéneas, ciertas preguntas no se formulan y ciertos problemas no se priorizan.

Históricamente, por ejemplo, múltiples estudios clínicos utilizaron mayoritariamente muestras masculinas, generando vacíos en diagnósticos y tratamientos adaptados a mujeres. La ausencia de diversidad afecta resultados concretos.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia está vinculado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS 5 (igualdad de género) y el ODS 9 (innovación). La lógica es directa: no puede haber desarrollo sostenible si la mitad del talento enfrenta barreras estructurales.

Marie Curie fue una excepción extraordinaria.
El desafío del siglo XXI es que deje de serlo.

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